martes, 28 de septiembre de 2010

Edith Vera

Me llamo Edith Vera y vengo de Villa María, una ciudad pequeña nacida en el medio del campo y a orillas de su río, el Ctalamochita.
Por eso les voy a contar algunas cosas del campo, del monte, ese lugar donde agrupan los árboles como el algarrobo, el quebracho, el aromo, el mistol, el churqui.
Y por eso hablo de animalitos como las vizcachas, los zorros, las iguanas, las liebres, los cuises, los quirquinchos, los flamencos, las chuñas, las garzas, las perdices y muchos más. (…)

Inédito (04 de setiembre de 1992).


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“Denme una flor de papel, un caracol, una guitarra
y esa canción que no sé.”

Edith, Maga, Hechicera, Cántaro de Música, Alquimista de colores, Transformadora de las cosas más sencillas en milagros. Así se perfilan verdaderos creadores que sobresalen entre los de primer plano local y nacional. Y era de Villa María, y fue nuestra desde siempre.
Quizá, al nacer el hada madrina de las fábulas le dijera: -“Serás la reina de la poesía en tu tierra.” Y lo fue, sabemos que lo fue por las notas laudatorias que de ella hicieran algunos de sus muchos amigos, escritores, poetas y artistas.
Entro otros Miguel Andreis, María Luisa Cresta de Leguisamón, Alfredo Morello, Marcelo Dughetti, Adriana Claudeville, María Teresa Andruetto, Beatríz Molinari, Mirta Colángelo, Normand Argarate, Carlos Alberto Álvarez, Marisabel Demonte, Carlos Gazzera, Mario Moral, Aldo Parfeniuk, Sergio Stocchero, Beatriz Vottero, Dora Pastoriza, Olga Fernández Núñez, Dolly Pagani, Bernardino Calvo, Alejandro Schmidt, Iván Wielikosielek y sobre todo una mujer de indiscutible talento que fuera Marta Casabona de Parodi.
Amorosamente esta última dejó una historia de Edith Vera llevándonos hacia el mayor conocimiento de nuestra hechicera a través del libro “Con trébol en los ojos”. Marta nos hizo revivir las fuertes tintas en la evocación de Edith. De esa creación extraemos que nuestra poeta nació el 22 de agosto de 1925.
Egresó como maestra bachiller de la Escuela Normal Víctor Mercante en 1945. Al año siguiente fue a trabajar a Leones. En 1947/48 era trasladada a San Francisco del Chañar. Se instalaría en Córdoba para iniciar sus estudios de Abogacía y comienza a trabajar allí en la Escuela Domingo Faustino Sarmiento en el B° Cofico. En 1954 se casaba en Villa María con el médico pediatra Mateo Abner.
A principios de 1959 comenzaba el profesorado de Jardín de Infantes en la Escuela Normal Víctor Mercante. Dada su capacidad, cuando egresó, fue nombrada Directora guía de ese Jardín. Acompañándose con su guitarra, Edith enseñaba e iluminaba los ojos de sus pequeños asistentes contando o cantando cuentos y poemas.
Por su manera de motivar la imaginación de sus alumnos jardineros, valorando además su obra poética, Edith fue invitada a llevar sus versos y canciones a Chile, Paraguay y Alemania. En Yugoslavia participó del film “Der Komandent”.
Llegado el año 1964 la poeta sintió que una sombra se abatía sobre ella. Se separaba de su esposo y eso fue causa de un gran sufrimiento. No obstante, ese dolor no le impide que siga respondiendo a su vocación y a continuar el camino de las letras en renuncia a la soledad negativa optando por la comunicación poética.
Así en 1972 terminó de escribir el libro “La casa azul” (editado recién 29 años después). En 1978/9 surgió su poemario “La palabra verde y los caracoles”. A mediados de 1979, un grupo de militares pertenecientes al “Proceso” la castigó, tal vez por algún reclamo ante la justicia, exonerándola de su cargo de Directora del Jardín, mortificándola además con repetidos allanamientos a su domicilio.
Pero, a pesar de tanto barquinazo, Edith seguía escribiendo. Se han podido reunir de ella, sin contar sus poemas dispersos o perdidos, las obras en conjunto, y publicaciones en diarios, diez libros de poesía (cuatro publicados, seis aún inéditos) que contienen en general versos cortos de métrica irregular y lo importante, de gran belleza y lo más importante es la emoción que despiertan en el lector.
Por sus páginas transitan sus recuerdos de la niñez. Esa Edith que no pudo tener hijos pero que quizá fue la que muy bien entendió a los niños aunque con sus obras también deleitó a los grandes.
Sus creaciones a partir de 1983 fueron: “El conventillo verde” (1983), “Del agua, de los pájaros, de los cielos y de los quehaceres terrestres” (19939), “Palabra” (1993), “Láricas” (1994), “De recetas y testamentos” (1994), “Pajarito de agua” (1995, editado en 1997), “El libro de las dos versiones” (1995, editado en 1998).
Sin duda la poesía es la que sitúa definitivamente en todas partes aunque también tuvo importante labor como escritora de cuentos, algo que ella sintió físicamente y escribió para sorprendernos.
Esta es la lista:
“Ratita gris y ratita azul” (1995), “Un cuento para chicos” (1982), “El explicador de palabras”, “El herbolario” (1991), “De cómo es posible ver las cosas que nunca se vieron y hacer cosas que nunca se hicieron” (1991), “Alas” (1991), “Tres cuentos en tres nidos” (1991: Cuento que cabe en el nido del picaflor / Cuento que cabe en el nido de la paloma torcaza / Cuento que cabe en el nido del pato sirirí), “Amores rústicos”, “El lugar donde vivo” (1995), “Li, un osito mimoso y goloso” (1996).
Un día de abril del año 2003 Edith se fue. Moría con ella algo de nuestra ciudad. Solo quedó el oleaje perdurable de su poesía.

María Celia “Puqui” Charras
Extraído de:
“Voces del silencio. Poetas que le cantan a Villa María”,
Eduvim, setiembre de 2009.


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POEMAS

Allá en la casa
de la amapola
hay tres ventanas para mirar.
Por una, se ve la luna,
por la otra el lucero
y por la otra el sol
¿por cuál deseas mirar?

De “Las dos naranjas”, 1969.



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Entonces me acostaba
con Neruda, el gran Pablo,
y en una playa blanca
hacíamos el amor.
El mar no nos miraba,
ni un caracol ya quieto
traído por las olas
quedaba entre los dos.
Nada de algas buscando
dormir entre los muslos,
ni siquiera la arena
brillando en nuestra piel.
De ese amor no hay olvido.
Ese amor me ha dejado
una rosa en la mano,
pétalos de letras,
corazón de papel.





Publicado en El Diario del Centro del País, domingo 5 de mayo de 1991.


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En mi corazón habitan las abejas.
Un azulejo azul en medio de la frente,
me ayuda a encontrar caminos en el aire,
y sueño.
Sueño que me crece adentro,
el vuelo de los pájaros.
Leonardo me presta
su color de la tarde
y yo pinto frutas, frutas,
y el talón de los ángeles.

Publicado en diario Democracia, sábado 11 de junio de 1988.


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Ella sabe que todo es poesía
machacando el ajo en el mortero,
picando el perejil
hasta
indudablemente son poesía
esas yemas de huevo
que son batidas
Y reciben el aceite que cae
gota a gota
y es poesía el mantel
con el viejo bordado de la amatista con flores
y el fuego
y el agua que sale de la canilla.
Y al receta de cocina
que dice entre otras cosas: “una vez que haya leudado
la masa será cortada en estrellas.”
Y la música de la cocina
envolviendo la atmósfera.

Inédito (setiembre 1995).



* La primera ilustración le pertenece al artista plástico Raúl Olcelli y la segunda a Emanuel Falconi. A ellos les agradecemos su aporte.