lunes, 25 de julio de 2011

Arturo Juárez Muñoz

Arturo Juárez Muñoz
Nací un 27 de junio de 1953. Lugar: Ciudad de México, D.F. Dijo mi madre que fue un día lluvioso, preámbulo de un verano que amenazaba ser el más intenso de los últimos años.
Siempre he creído que somos marcados por el tiempo que prevaleció el día de nuestro nacimiento, muy probablemente más que el influjo de los astros.
¿Cuándo miré por primera vez con conciencia un día soleado, una tarde crepuscular, una lluvia de estrellas? Me hubiese gustado saberlo para tener bien clara esa fecha como el nacimiento de mi capacidad sensitiva.

Tendría ocho años de edad cuando, un domingo como tantos pero también como ninguno, mi señor padre leía a sus amigos con voz llena de orgullo, un poema que yo le había escrito a un pajarillo que encontré moribundo tras caer éste de un árbol.
Lo llevé a casa y le prodigué mis mejores cuidados. Todo fue inútil para él pero marcó un destino para mi persona. ¡Había nacido un poeta dentro de mí!
En efecto, esa fue la oración que mi padre utilizara para referirse a mi faceta naciente e inexplorada: “Mi hijo va a ser poeta”
Cuántas veces la imagen recurrente de aquel día se ha repetido en mi cabeza. Su mirada brilló como nunca, y mi corazón, latía fuera de control.

Al morir mi padre pocos años después, tuve que construirme un santuario, una estratagema, una forma de vida oculta y aislada en un ostracismo aterrador, pues su recuerdo era más vivo que la realidad cotidiana. Yo hablaba con él, le contaba, le bisbisaba al hombre que caminaba a mis espaldas muy cerca, dándome palmadas de aliento para seguir adelante. A partir de ese momento, una convicción se fortaleció en mi interior. ¡Amaba la literatura!

El tiempo pasó en mi juventud más rápido que una ráfaga de viento. Sin embargo, ello no obstó para que todo lo viese a través de tan maravilloso lente y lo plasmara en papel de muy diversas formas. Surgieron así los bocetos de novelas, de relatos cortos, de poesías que se sumaban en un carrusel interminable de pensamientos armónicos unos y desarticulados otros.

Para ese entonces culminé mi carrera universitaria, Ingeniero Industrial y de Sistemas, la cual me proveyó de una disciplina y estructura mental que mucho me ha ayudado en el metódico y a su vez espontáneo quehacer poético.

Llegó la hora de unir mi vida a Patricia, mi esposa, intensificando mi pasión por la poesía y un irrestricto amor a la literatura universal. La llegada de mis dos maravillosos hijos, Arturo y Patricia del Rocío, quedaron plasmadas en un par de poemas que me han acompañado desde siempre. Así, mi vida caminaba en un destino de trabajo, de responsabilidades cumplidas y de apego a dos de mis grandes vocaciones: esposo y padre.

Tuvo que sobrevenir un evento dramático y conmovedor para arrancar de lleno y sin descanso lo que intento sea mi vida adulta. La partida de mi señora madre me dejó demasiadas dudas existenciales, múltiples heridas y una sola tarea: la de construirme, por segunda ocasión, una razón que le diere sentido a mi vida personal, ya que las facetas de matrimonio y el impulso a la formación de mis hijos, estaban en plenitud.

Junio del año 2000, me desbordo sin control sobre el teclado de mi computadora, y escribo dos libros a la vez. A la par, un poemario a la muerte de mi madre complementa la cascada de explosión creativa, pues terminando los dos primeros libros, doy inicio al tercero y así sucesivamente. Era como prender un cigarrillo con la colilla del anterior. Así, llegué al número diecinueve (omito bibliografía por el momento).
Pasados los años, decidí crear mi propia editorial y publicar así mi primera novela, continuando posteriormente con relato corto. Los lotes de producción fueron suficientes para alentar mi proyecto, el cual prometía una proyección importante en diferentes ciudades de la República Mexicana.
Lamentablemente, al pretender ser publicado por editoriales de renombre, lo cual bien pudo haber sido un error, propició que las constantes negativas me orillaran a bajar mi ritmo de producción.

Para agosto del 2010, floreció la ilusión y convicción por retomar el proyecto que parecía adormilado. Decidí entonces incursionar en dos vertientes:
La primera, a través de un blog con el único objetivo de ofrecer a jóvenes escritores, las oportunidades que para mí fueron negadas. Es como surge Literalia México (www.literaliamexico.blogspot.com), cuyo crecimiento galopante rebasó todas mis expectativas, alcanzando en los primeros diez meses más de 18,000 accesos provenientes de una treintena de países alrededor del mundo. Posteriormente muestro mi trabajo al mundo a través de mi blog personal

La segunda, buscar una plataforma de producción y venta a nivel internacional, con las opciones que el mundo moderno requieren: libro electrónico e impresiones físicas a domicilio (www.palibrio.com), siendo mi novela, 20 años después, la elegida. Ésta se constituye como mi primer libro en venta a nivel internacional. La siguiente producción en puerta, es: Antología Poética Literalia México y sus amigos, libro en el cual contemplo presentar parte de mi obra en éste género, así como la de grandes amigos escritores, noveles y consagrados, tanto del continente americano como de algunos países de Europa.

Sin embargo, el día 20 de junio del 2011, lo considero un parte aguas en mi vida, pues me entero de haber ganado mi primer premio internacional (Poesía) y tercer lugar (Relato Corto), bajo el auspicio de Certámenes Literarios Imprimátur, a quien debo esta oportunidad de oro.

Actualmente participo como ensayista en Imprimátur. Es (España), así como en Editorial Alaire (España) como ponente de poesía. Finalmente, me enorgullece llevar a cabo el Primer Certamen Internacional de Poesía, Literalia México, que se encuentra en su fase final. La cantidad de amigos escritores y poetas, artistas de diversas especialidades, fotógrafos y profesionales en diversas áreas, son el tesoro más maravilloso que haya podido capitalizar con este proyecto.

Ésa es mi vida. Un caudal de ilusiones y de trabajo incesante que me ha brindado grandes satisfacciones, así como el fortalecimiento de una voluntad inquebrantable. Mi compromiso, sólo uno: “Participar en una visión de literatura comprometida con la Naturaleza, la Humanidad y un razón de entender mi vida terrenal”.





.Cuanda calla tu voz.
A cada poeta que muere…


Cuando se apaga tu voz
de amados tonos y tez terciopelada,
un rostro se apaga y otro te venera.
Tu resplandor de luna
se apagará también en la finura
lavada de la arena.
El silencio se esparcirá como
fuego ardiente entre las almas
de los que temen divisar tu sepultura.

Cuando cesa tu pluma
de dibujar la vida en forma de palabras,
alguna estrella se esconde prisionera.
Cuando se apaga tu voz,
pierde una letra el alfabeto y gana la incoherencia.
Cuando cesa tu pluma
de convertir polvo en esencia,
vuelve a cegarse la humanidad entera.

Tu majestuosa voz que osó retar
al universo creado por el hombre,
calla cediendo su alta investidura
Te llevas el puño, no la tinta.
Te llevas el verbo, no la hoja.
Sólo queda de ti la mágica escritura.



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.A mi madre.

Tendida en tu lecho de muerte
pareces más casta, más pura.
El velo blanco que dirime sepultura
de sonrisa, se encaja en tu mirada inerte.

Tus tenues pies parecen tener vida,
más dormidos que tu faz sin luna.
¿Por qué te impusieron flor alguna,
si toda eres flor adormecida?

Rodeada de silencio, tu voz es más callada.
Tu larga cabellera descarga su hermosura
sobre el féretro abierto a la espesura
de los caminos que pinta la alborada.

Tus ojos cerrados semejan dos secretos
dispuestos a conmutarse en rosas;
metamorfosis de luz, en mariposas,
batiendo sus alas sobre los abetos.

Tus labios ocultan el marfil de tu sonrisa
que espera la aurora convertida en una.
No sé si sueñas o estás viva en otra cuna.
El tiempo es eterno, sin pausa, sin prisa.



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.Cuando lo veo pasar.

Cuando lo veo pasar, vuelo con él, tras su figura perfecta.
Su sombra deslizándose en la tierra, se mueve con gracilidad insuperable.
Destellante, se clava por los aires cual saeta de luz iridiscente,
rasgando el telón de la mañana, para irrumpir pleno en nueva escena.

Así es, impredecible, volátil, efímero como la espuma,
que nadie puede contener en una sola mano, aroma que se esfuma.

Cuando lo veo pasar, vuelo con él, tras su mirada infinita.
Intento hurgar entonces a los cuatro horizontes de la vida
y solazarme con cada primavera, con cada rama donde se aposenta,
con cada gota de lluvia que hace comparsa a su hermosura.

Eres libre, libre; tan libre que retas al viento en su correr sin tiempo.
Tú sí naciste de un lugar, de un tiempo, de una cuna.
Eres requerido, alguien te espera, para soñar contigo
sueños de libertad, de excelsa galanura.

Cuando lo veo pasar, vuelo con él, tras su cauda evolutiva,
pues es capaz de unir los dos océanos, la tierra, el mar… la luna.



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.Al no nacido.
Ángel que osó retar a la deshonra de mujer enamorada…


¿Cómo llamarte si no tienes nombre?
Es más, no tienes rostro ni pelo ni mirada.
¿Cómo cantarte una canción de cuna,
si eres silencio en una noche helada?

Fuiste parido sin dolor, sin sangre y sin chillido.
¿Cómo contarte un bello cuento de hadas,
pedazo de cielo trastocado en fango,
si eres remedo de sorda madrugada?

Camino envuelta en mi propio desconsuelo;
camino intentando quitarte de mi boca;
tú ya eras nombre, sueño ilusionado,
eras juguete de palo en la cañada,
donde retozan las ovejas y las cabras.

¡Niño campesino, niño no nacido
a fuerza de costumbre errada!



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.Jardines de papel.

27 de junio del 2043. Hoy cumplo 90 años de edad.

Contemplo azorado los arbustos petrificados por el tiempo,
cual tiza que ralló el anverso del verde lino de su encanto.

Las hojas que fueron, hoy sólo cartones cortados sin sentido.

Doblegados, mirando al suelo parecen gigantes suspendidos.
¡Árboles! Símbolos muertos que ya no intentan
contener parvadas, ni heno, ni tampoco nidos.

Hubo el hombre que destruirlos, era necesario, ya no inhalaban
los venenos que reinaban en los cielos.

Se fueron quemando cuales carbones encendidos, cenizas blancas,
que otrora fueran flores con tálamo de acero.

Hoy, sus sombras son luz que emana de artificial lucero,
candelabro de sodio apresado in vitro, de colores ambarinos,
que intenta deleitar la vista cansada de los pájaros.

¿Dónde quedaron sepultados los verdes jardines de oyameles?

Hoy tengo que colgarle el fruto al árbol de naranjo,
para pintar la alborada de algún tiempo pasado.



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.Poema.

Mi vida cabe en una hoja
sólo cinco líneas, sólo cinco versos:
amor a destiempo, pasión abandonada,
libertad apresada, trabajo interminable,
muerte innecesaria.


Fotografía: Nancy J. Locke
Poema: Arturo Juárez Muñoz