domingo, 30 de septiembre de 2012

Beatríz Teresa Bustos


Soy Beatriz Teresa Bustos, nací en el año 50 en Villa Nueva y a los seis años nos mudamos con mi familia  a la Ciudad de San Francisco, Córdoba. Tengo un esposo,  tres hijos, tres hermosas nueras y seis nietos. Soy una peregrina del silencio, escribo desde el ordenado-caos de mi alma. Mi imaginación no tiene límites y a causa de ella creo que tengo (como dice Abelardo Castillo) “una locura lúcida”. Al principio lo hacia como buscándome entre las palabras y cuando me encontré, pude liberarme de mí, pero me quedé prendada de los versos. Tengo cuatro publicaciones en forma artesanal, me quemo las neuronas tratando de hacerla lo mejor posible ellos son: Versos Sencillo, Exilio Interior, Lobezna Dramaturga y Beberse el último sorbo de las sombras”.  Tengo en preparación mi próximo libro Sin Testigos.
Desde el 2007 coordino el taller literario Sika de Brook de la Penitenciaría N° 7 de esta ciudad y también el grupo literario “ Indicios en Tinta”. Participo en todos los concursos que llegan  a mis manos y no me va tan mal ja ja ja .


. Última mentira .
Es temprano aún
y ya presiento el derrumbe.
Hay trampas insospechadas
en los jirones de silencio
y en la mirada aguarda el abismo,
cómplice de la última mentira

Adagio de mariposa,
es la piel para el  límite del vuelo
y porque los retazos de viento no alcanzan
para cubrir la distancia hasta hueco,
transmuto mi carne de cenizas,
en  follaje avariento.
Palabras cómplices
hilo en las sombras del entendimiento,
para poder andar
por las huellas del día hasta el beso,
para mantener encendida la raíz,
sólo así puedo ser,  cántaro y cielo.

Es temprano aún y ya la soledad
comienza su misión
sin preguntar si quiero.




. Ave de cristal . 

No me atrevo a descifrar el calendario.
Exhala recuerdos y proyecta temores.
En sus celdillas liba el acertijo.
Es ciego cazador.
Vigila la pupila esclava
y en su cubil de sombras trama el equilibrio
del instante sobre instante.

Amarga soledad la de su daga
que troza la huella irrepetible
y cincela su edad en los anales.
Es vano mendrugo,
no alimenta a la hambruna de la carne,
ni le agrega más brazas a la sangre.
Cuando las vivencias y la piel arden,
las cenizas lamen  su  mezquino cetro.
Es sólo un suspiro en el tiempo.

Ave de cristal. Umbral del orbe.
Retoña tu escritura
en la impiadosa lengua de tu especie.

Pero no puedes retener al Ser en tus jardines,
ni bajo tus soles.
Siempre.
Siempre.
A la mano abierta de la Aurora emigran los nombres.




Lágrima . 

 Me delata.
La ley se cumple.
Casto grito en el rostro de la paloma del dolor.

Atados a la niebla,
mis vientos aguardan  el oleaje de los árboles.

Una hambruna de copas y aves
acostumbran a mis ojos al espantado silencio.

Dejo por un instante macerar en mí,
los vocablos heridos por el roce.
Mientras espero,
busco en los cristales el código del beso.

Desciendo.
Descifro la trampa del fuego.
Su retorno invisible proyecta la presa
que soy en el espejo.

Marea de ojos.
Las pupilas se agitan, cruje la mirada.
La barca se estrella contra la ceguera del día
…sin perdón.



Anhelo . 

 Atravesar
la fatiga.
Fugarme
a contraluz
por las
vertientes
de la lluvia.

Con el único
afán de
encontrarme
entre
el holocausto
de palabras
y serle fiel
a la vida.